Besos en Constitución: reproches al poder represivo

Qué implica la condena de Mariana Gómez por un beso a su esposa

Una acción represiva de las tantas que cometen las policías provinciales como esquema de fuerzas en contra de la sociedad civil por decisión política de Cambiemos.

Argentina ha experimentado en los últimos cuatro años, desde el 2015 a la fecha, una pérdida reiterada y sistemática de derechos humanos, alcanzados por años de lucha popular. El gobierno que comanda la élite financista en América del Sur, tiene su ejercicio de poder, a través de la criminalización de la pobreza y la constante tortura, mal trato y hasta muerte, de las minorías. El sector de LGBTQI es una de las principales víctimas de las persecuciones cometidas en una constante violencia institucional en este contexto bajo el cual, nadie ha quedado exento de morir por sus ideas, su condición social, cultural, económica e incluso por creencias.
La intolerancia, como característica del Totalitarismo económico, impera en las sociedades de los países de la región y se avalanza por todos los medios posibles, desvirtuando a las instituciones de la República, tanto como a la formación ciudadana. Con ello, se prepara el territorio para que una matriz de subsumisión y esclavismo sea propicia a los intereses económicos de lo que sin temor a equivocarnos, llamaremos el PLAN CONDOR II. Un escenario armado con ayuda logística de países como Israel, EEUU y las principales potencias financieras de Europa, dispuestos a blandir armas, hasta que estas latitudes vuelvan a ser colonias de las empresas que dominan el mundo.
Cualquier atisbo de igualitarismo, libertad, populismo, acción civil, o semejantes; es reprimido por estas bases pertrechadas a través de la oligarquía local y su constante cipayismo.

El delito de ser libres

Mariana Gómez fue condenada a un año de prisión en suspenso y deberá pagar las costas del juicio, acusada de “resistencia a la autoridad” debido a una maquinaria judicial que se presta impunemente al sentido de castigo al vulnerable y la quita de acceso a una defensa justa.
La joven que fue acusada de resistencia a la autoridad y lesiones leves luego de haber besado a su novia en la estación de Constitución el 2 de octubre del 2017 fue condenada a un año de prisión en suspenso y deberá pagar las costas del juicio. Se trata de Mariana Gómez pareja de Rocío Girart, ambas víctimas de abuso sexual. Así lo decidió la jueza Marta Yungano, aunque los fundamentos de su veredicto los dará recién el próximo 5 de julio.
Conforme lo publicado en los medios de Buenos Aires, la defensa a cargo de Lisandro Teskiewicz apelará el fallo e irá hasta las últimas consecuencias. En la audiencia de este viernes la jueza le preguntó a Mariana si quería dar unas últimas palabras antes de la sentencia y dijo: “Ese día me defendí de un acto violento y discriminatorio de la Policía de la Ciudad. Gracias”.
Durante el juicio, Mariana tuvo que sufrir la discriminación judicial sobre todo de parte de la fiscal Diana Goral que había pedido 2 años de prisión y quien durante las audiencias se refirió a ella como “Mariano” y “el imputado”.
Mariana fue detenida por agentes de la Policía de la Ciudad en el acceso al Centro de Transbordo de la estación Constitución el 2 de octubre del 2017.
“Estábamos fumando en un lugar sin paredes donde no había carteles y había más gente fumando”, había asegurado en su momento Mariana Gómez, quien detalló que, en esa situación, el agente de policía Jonathan Rojo se había dirigido a ella diciéndole: “Pibe, ¡apagalo!”.
Yo le aclaré que soy mujer, apagué el cigarrillo y me quise ir, pero él se me pone adelante y ahí tuvimos un encontronazo pero sin ni siquiera levantar la voz, tras lo cual me detuvo”, había relatado la joven.
Mariana y Rocío se conocieron en 2014 en un canal de televisión, cuando ambas concurrieron a dar su testimonio público acerca de los abusos sexuales que habían sufrido cuando eran menores por parte de familiares y a reclamar prisión efectiva para quienes habían sido sus violadores.

El poder económico odia la diversidad popular

En Argentina rige la ley 26.743 de Identidad de Género, que expresa que toda persona mayor de 18 años puede solicitar la rectificación registral del sexo y el cambio del nombre de pila cuando no coincida con su identidad de género y establece, también, el acceso integral a la salud de todas las personas trans, pudiendo solicitar intervenciones quirúrgicas totales o parciales y el tratamiento hormonal para adecuar su cuerpo a su identidad de género autopercibida.
Estas conquistas, impulsadas por las organizaciones de la sociedad civil y la comunidad trans, afianzan la inclusión y el acceso a derechos, desde una mirada jurídica y colaboran en la construcción de una sociedad igualitaria, desde una perspectiva de derechos humanos, a nivel mundial.
Sin embargo, aunque la ley de Matrimonio Igualitario (Ley 26.618), sancionada el 15 de julio de 2010, convirtió a la Argentina en el primer país de América Latina, y el décimo país del mundo, en consagrar la ampliación del matrimonio a parejas del mismo sexo. Esta normativa fue la base fundamental para el reconocimiento legal y social de la diversidad. El signo partidario que maneja el gobierno en la actualidad, no comparte el sentido y el símbolo que representa a los derechos del colectivo social y busca mediante una exacerbación del odio hacia este sector, lograr el rechazo a las medidas jurídicas alcanzadas.
Esto se puede percibir en la letra que dio origen a la creación del INADI como una institución cuyo objetivo republicano es bregar por la defensa del derecho humano a la inclusión e igualdad de la ciudadanía. Cuando se plantea la diversidad sexual y los derechos humanos, podemos recordar el espíritu que dio origen a la creación de esta estructura y comprender lo que le molesta al gobierno de élite: “Desde una perspectiva de derechos humanos y antidiscriminatoria, que tiene la inclusión social como horizonte, las diferencias dejan de ser consideradas vertical y jerárquicamente para ser reconocidas de forma horizontal, móvil y equitativa. Sobre esta base, se reconoce que la diversidad sexual –al igual que la diversidad sociocultural en general– y la propia singularidad de cada persona son irreductibles a cualquier modelo o paradigma estandarizado”

El fallo en contra de las propias normativas vigentes

La jueza que deberá explicar su sentencia, a través de la publicación argumental que posee el fallo en cuestión, va contra lo que sirvió hasta el 2015 como un logro nacional en el contexto de los derechos humanos, ya que en el 2010 “la Argentina se instituyó como un país de avanzada en el reconocimiento de los derechos de la población LGTBI (lesbianas, gays, trans, bisexuales e intersex), el desafío es transformar la igualdad jurídica en igualdad real, lo cual implica garantizar cotidianamente ámbitos laborales, sanitarios, educativos, recreativos, entre otros, respetuosos de la diversidad sexual y de género. Si bien los cambios legislativos significan un gran avance, en las prácticas sociales continúan arraigados prejuicios y estereotipos que sustentan la discriminación y que deben ser erradicados.
En este sentido, nos proponemos revisar y problematizar conceptos y representaciones en los que hemos sido socializados, que se encuentran arraigados en nuestra cultura, y que muchas veces reproducimos sin indagar en sus implicancias” al menos debiera continuar así, como lo descripto por el documento del INADI “Diversidad sexual y DDHH“.-
Así se puede recuperar de ese texto, aspectos riquísimos que nos permiten comprender el concepto de diversidad sexual y derechos; “Para pensar e historizar la sexualidad resulta interesante recuperar los aportes de Michel Foucault (1984) a fin de abordar la sexualidad como una experiencia históricamente singular. En cada sociedad y época histórica se configuran determinados discursos y saberes legítimos para hablar sobre la sexualidad, ciertos sistemas de poder que regulan su práctica, estableciendo la normas y formas según las cuales los individuos se reconocen sujetos de esa sexualidad. Pensar la sexualidad y el cuerpo como experiencia nos habilita también a considerar que estos producen subjetividad; producen formas de relacionarse con el mundo y con los otros, y producen conocimiento.

Heteronormativa

La diversidad sexual como la pluralidad de prácticas y manifestaciones emocionales, afectivas y sexuales en una cultura dada; contempla las distintas formas de expresar el afecto, el cariño y el deseo sexual, ya sea hacia personas del mismo género, de distinto género o ambos. Hablar de diversidad sexual desde esta perspectiva permite reconocer que las sexualidades, junto con el género y la corporalidad, no son realidades meramente biológicas y estáticas, sino que varían en función de la historia y de la sociedad.
Este carácter dinámico, múltiple y variable de la sexualidad permite entenderla como un campo de acción política atravesado por relaciones de poder que inciden en las normas, las relaciones, las prácticas, las clasificaciones y las posibilidades de libertad y de ejercicio de derechos. Si se parte de pensar que la sexualidad no es estática ni inmutable, entonces se entiende que está abierta a las transformaciones y las disputas. Las formas de pensar, vivir y expresar la sexualidad en la actualidad no son las mismas que las del siglo pasado, ni siquiera son iguales a las que había hace veinte años.
Sin embargo, los cuerpos y las sexualidades son desigualmente valorados en función de una escala jerárquica que define los límites de lo legítimo, saludable o normal. Si bien se entiende que la diversidad sexual y afectiva abarca una multiplicidad de prácticas, relaciones y formas de expresión, y que se manifiesta de modo singular en cada persona, desde una dimensión política se usa el concepto para hacer referencia a aquellas sexualidades no hegemónicas, invisibilizadas y estigmatizadas. Es decir, aquellas que no se corresponden con el modelo heterosexual dominante y con la relación estable y unívoca entre el sexo asignado al nacer y la identidad de género.
El sistema jerárquico de las sexualidades está basado, en las sociedades occidentales modernas, en el binarismo de género y en la heteronormatividad” . Dado esto, podemos inferir que para el poder económico, en su gestión de élite, lograr el imperio del binarismo sexual; implica un reduccionismo social y colectivo de tal modo que la masa funcional a sus intereses sea manejable, desorganizada, desmotivada y sumisa. Pues en lo oculto, nada crece como cuando se tiene pleno acceso a aquello que nos respeta en el libre albedrío, como seres [email protected]

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