Todo comenzó cuando ella sentada sobre un banco en una plaza pública, calmó el llanto de su crío, al ponerle la  mama en la boca. La succión frugal del lactante, mancilló la mirada opresiva y prejuiciosa de un policía que lejos de interpretar a ese acto natural, como un momento de alimentación, lo convirtió en una herida al pudor de una multitud que caminaba frente a la madre y al hijo, sin reparar en ellos. Hasta que la mujer espetó a la autoridad policial y terminó detenida como ejecutante de un acto impúdico.
Luego, le siguió el verano de sol intenso en la ventosa playa de Necochea, cuando ambas mujeres tendidas en la arena, le encendieron al sol sus torsos desnudos; como los cientos de hombres que allí también tenían sus pectorales disfrutando de la cálida estación vacacional. Pero hubo uno entre esos cientos, que miró con asco a las mamíferas y decidió que ese simple hecho, lo lesionaba en su pudor; no tardó en llegar la policía para impedir lo que se interpretó como un desnudo. La prohibición y el maltrato del momento, después fueron inhibidos por la Justicia que argumentó el pleno derecho de las mujeres a gozar de la libertad a pecho gentil, igual que los hombres, sea para tomar el sol de un verano a orillas del mar o de dar leche a su hijo en una plaza.
El patriarcado, constituyó en la mama de la mujer un símbolo del enemigo, sintiéndose igual y eso, fue a la vista del sistema predominante, una declaración de guerra.
La teta femenina, nutre, abriga, consuela, enfrenta, para los golpes de la violencia contra el género, alberga el puñal del femicida, recibe las balas de la protesta social contra el hambre, contra la injusticia, acuna las esperanzas de un Igualitarismo que le pertenece por origen. La teta en todo su dolor y persecución, exige LIBERTAD.
 
Este n°0 de una publicación con pretensiones generadoras de espacio para la expresión y difusión de las comunicaciones, se ha planteado el alto objetivo de introducir la práctica del PERIODISMO LIBERTARIO; en un escenario carente de libertades, de verdades y de investigaciones que permitan a Aleteia, ser la dueña de sí misma, lejos del relato convencional y sistémico.
Nuestro límite no está dado por lo material o los recursos, sino por la aceptación o el rechazo del lector a la propuesta realizada.

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